Movimiento Slow

¿Te imaginas haciendo una maratón corriendo a todo lo máximo que puedes durante los más de 42 kilómetros que tiene la prueba? ¿a que no?… entonces ¿porqué llevas un ritmo de vida como si fuese una carrera de 100 metros lisos, cuando en realidad la vida es una carrera de fondo de muuuuuuy largo recorrido?

Tiempos modernos

Trenes como el Maglev Japonés que son capaces de viajar a más de 600 km/hora, restaurantes de comida rápida donde te preparan la comida en cuestión de minutos, compras de libros on-line con entrega en menos de 2 horas en el domicilio, conexiones de fibra óptica de alta velocidad, telefonía móvil como la 5G que promete velocidades móviles de vértigo, incluso usamos patinetes eléctricos para movernos por las ciudades para poder ir más rápido de un lado a otro de la ciudad… con la llegada de la tecnología y la época moderna todo se acelera, cada vez más y mas. La velocidad, suele producir admiración. Asociamos rapidez con eficacia y productividad.

Sin embargo, esta cultura donde queremos obtenerlo todo de forma rápida e inmediata, trae aparejado un aumento del estrés.

Con los restaurantes de comida rápida, donde engullimos la comida mientras estamos pendientes de las últimas noticias del móvil, no saboreamos nuestra comida.

Con las prisas que de hacerlo todo para ya, no cultivamos el arte de hacer las cosas bien hechas.
 
Dicho de otra forma, no disfrutamos el viaje por estar tan enfocados en llegar a nuestro destino lo antes posible.

 

  • Dificultad para dormir porque tienes muchas cosas en la cabeza o demasiadas cosas para hacer y para entregar para ayer, pérdida de la alegría, sensación de no poder estar en paz, impaciencia, irritabilidad y mal genio, hasta el punto de poder llegar a perder el control.
  • Ansiedad por no poder llegar a todo, dolores de cabeza, de cuello y de espalda y sensación de que el corazón se te va a salir por la boca.
  • Imposibilidad de poder disfrutar tu película o serie favorita porque hay varias cosas que has de acabar.
  • Trastornos digestivos, malestar estomacal incluso aumento de peso todo y que eres un fiel seguidor de la santa lechuga y la pechuguita a la plancha.
  • Comidas que te sientan mal y no sabes porqué.
  • Dolor en todo el cuerpo por la tensión muscular que acumulas.
  • Falta de energía, nerviosismo, sensación de que te ha pasado un camión por encima sólo levantarte de la cama después de haber dormido pocas horas.
  • Horario laboral que se alargaba muuuuucho y tener la extraña sensación de que vas a casa de visita por el poco rato que pasas en ella…

¿Te suena algo de esto? A mi mucho, durante mucho tiempo me fue dolorosamente familiar y no era consciente porque se fue instalando poco a poco, sin darme cuenta y lo más gracioso del caso es que lo excusaba y lo normalizaba…

  • “esto es por los nervios”
  • “es lo habitual ahora pero al menos tengo trabajo”
  • “es lo que hay”
  • “cada vez hay menos gente en mi departamento y el trabajo es el mismo, pero claro, debo acabarlo porque sino…”
…sino ¿qué?, ¿este es el precio que hemos de pagar? ¿hasta cuándo? ¿qué debe hacer nuestro cuerpo para darnos a entender que ese ritmo frenético que llevamos no se puede aguantar indefinidamente?
El Maestro Yoda decía en la Guerra de las Galaxias “El miedo es el camino hacia el lado oscuro, el miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento, el sufrimiento al lado oscuro.” Existe el lado oscuro, yo he estado en él y no es cierto lo que se comenta que se está más fresquito en verano. En realidad parece guay pero realmente no lo es tanto, y los que acaban allí, por ese “miedo” a perder el tren de la vida acelerada, sufren… y mucho.
 

Movimiento Slow

Slow del inglés, lento, término completamente opuesto a fast, rápido, es un movimiento que propone tomarse el tiempo necesario para producir algo de calidad, disfrutar el proceso y adaptarse al ritmo natural del planeta. Se originó en los años ochenta, en protesta por el establecimiento de un restaurante de comida rápida en una parte histórica de una ciudad italiana.

Este enfoque innovador fue adoptado más tarde por muchos grupos diferentes y ha sido implementado en diversos campos. Lo que comenzó siendo un interesante “cuestionamiento gastronómico” terminó convirtiéndose en toda una filosofía de vida que nos ofrece una alternativa al desfrenado ritmo occidental.

El movimiento slow no propone que todo se haga a cámara lenta, trata de promover que cada cosa en la vida tiene su tiempo, sus pautas y su ritmo, que hemos de disfrutar del camino mientras lo transitamos sin fijar toda la atención en el destino. Dicho de otra forma, todo en esta vida, tiene un tiempo y un ritmo y tratar de vivirlo más aceleradamente no es bueno para nuestra salud.

¿Cómo el movimiento “slow” me ayudó?

Finales del 2005, con 35 añitos, tenía achaques de persona de 60 años, se me caía el pelo, tenía ataques de ansiedad, ardores, terrores nocturnos… vamos, todo un poema y me costó, aunque acabé dándome cuenta que eso que vivía no era vida, es más, o frenaba el ritmo o tendría un problema muy serio de salud. Mi cuerpo hacía tiempo gritaba “para”, pero mi mente acelerada no tenía tiempo para detenerse a escucharlo.

Si no tienes tiempo para cuidar tu salud, algún día deberás tener tiempo, dinero y paciencia para cuidar de tu enfermedad

De todos los ámbitos de aplicación de este movimiento, sin duda, el más sencillo y beneficioso es el personal. Adoptar los principios de la filosofía slow en tus patrones de pensamiento cambiará tu forma de ver la vida, al igual que hizo conmigo.

Shiatsu como parte de la filosofía del movimiento slow

El shiatsu, es de los pocos masajes que se que es capaz de detener el pensamiento en seco, muchas personas que me dicen que no son capaces de parar de pensar, a media sesión de shiatsu están roncando, lo más gracioso es cuando les pides que cambien de postura y aseguran con un ojo cerrado y otro abierto que no se habían dormido…
 
Para mi, como terapeuta, hacer un shiatsu es todo un ritual, un momento en el que disfruto del masaje, me centro en cada punto, inspiro y espiro con cada presión, sólo existe una cosa a hacer en ese momento y es, seguir las líneas que marca el protocolo, balanceándome a cada presión, observando la respuesta del cliente, es un momento de calma y paz, y es a través de esa calma cuando disfrutas del masaje que estás dando, y cuando tu cuerpo, relaja tensiones, pues a cada presión, tomas consciencia de todo tu cuerpo y de qué partes están tensas… una de las frases que digo a mis alumnos es “cuando realmente estoy estresado, lo que más me ayuda a calmarme y volver a mi centro es hacer un shiatsu a alguien”… a lo que la mayoría de mis alumnos me pasan sus teléfonos para que me “desestrese” siempre que quiera…
 

Te invito a que imagines cómo puede ser una sesión de shiatsu, imagínate por un momento que te vistes con ropas cómodas y holgadas. Acondicionas la sala donde realizarás la terapia, cierras las cortinas para que no entre mucha luz de manera que haya una luz ténue. Enciendes una velita para que aporte ambiente y calidez a la sala y prendes un incienso japonés de aroma suave, pones una música relajante de fondo o, incluso, sonidos de la naturaleza donde se oye la lluvia, el fluir de un rio o el viento en el desierto. Cubres la camilla con una sábana blanca y reservas otra sábana y una manta para la persona que se tumbará. 

Vas a buscara al paciente y lo acompañas hasta la sala, le pides que se quite los zapatos, el cinturón y se tumbe boca abajo en la camilla, lo cubres con una sábana… y empieza el ritual. Te centras en tu respiración. Colocas las manos sobre el paciente y te dispones disfrutar del masaje, de los 50 o 60 minutos próximos donde vas a ir notando como se relaja el cliente, donde podrás apreciar como cambia su respiración y se vuelve más y más profunda, al mismo tiempo que ocurre lo mismo con la tuya… 

Y cuando por fin acabas el masaje y lo despiertas levemente diciéndole que se tome su tiempo, que le esperas fuera, sales de la cabina y preparas un te o una infusión, para ofrecérselo al cliente y ves cómo sale de la cabina de masaje… con esa cara de “camilla” donde se nota que no sabe bien del todo dónde se encuentra, se sienta en la sala de espera mientras degusta la infusión que has preparado y, cuando empieza a volver en sí y recuerda que se ha dejado alguna cosa dentro de la cabina de masaje y vuelve para revisar que no se hayan olvidado nada sobre la mesita. 

Créeme que más de un paciente que he atendido, se ha marchado sin sus gafas o sin su cinturón, y es justo cuando llega a su casa o a la parada del metro, que se da cuenta que no ve con la nitidez habitual y repara que se ha dejado las gafas en la escuela, eso, esa sensación de trabajo bien echo, no tiene precio.

Eso es lo que yo experimento con cada masaje que realizo, es lo que puedo vivir día a día. Este estilo de vida mas ralentizado, ha permitido que encuentre mi ritmo de vida, y me ha permitido darme cuenta que también se puede disfrutar del camino en todo lo que haces, por ejemplo, cuando quedo con un amigo para tomar un te, o simplemente, cuando me siento en el sofá, con los pies en alto después de comer y disfruto de mi serie favorita de televisión (que me dura mucho tiempo ya que me suelo dormir cuando me acomodo).

Una vida “slow” es posible porque yo fui capaz de hacerlo, y persona más mental que yo hay pocas, te recuerdo que de formación soy ingeniero de sistemas. Tardé muchos años para encontrar la manera de poder llevarlo a cabo, muchas pruebas y errores, hasta dar con el método que aplico en mis cursos de  Shiatsu Namikoshi o de Shiatsu Namikoshi y Tuina Profesional, y me encantaría poder ayudar a encontrar el tuyo propio, a través de un trabajo corporal como el shiatsu de manera rápida y efectiva.

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